Tu espalda flaquita y desnuda me mira con todos sus ojos, mientras yo soy un trapo enredado en las sabanas.
Tu espalda flaquita y desnuda me juzga.
Tus vertebras, una por una, se meten en mi cerebro, y ahora las recorro con los dedos, una, dos, tres.
Tus vertebras son un camino de ida, vuelta, ida y vuelta.
Tu piel, blanca, tu piel rosa, tu piel que me envuelve, tu piel que me goza, me roza.
Tu piel es alfombra.
Tus dedos me tiemblan, tus dedos me tocan, tus dedos son una extensión de tu boca.
Tus dedos me ahorcan.
Tus días me ahorcan.
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